Una realidad mal enfocada

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Consultorías, mediadores, abogados, protocolos familiares, apetitoso negocio pero de complicada ejecución. Se me antoja pensar que más allá de la buena profesionalidad y del beneficio económico, el fenómeno no se aborda de la manera más adecuada. Y es que trabajar las emociones con la familia (desde aquí nacen los problemas) desde un punto de vista jurídico o mediante mediadores provoca a menudo discrepancias e intereses encontrados.

Aunque en una empresa familiar todos confíen en que se conocen entre ellos, en ocasiones no es así. A pesar de las buenas intenciones, las palabras pueden ser malintencionadas, de hecho así ocurre, y causar la ira y el rencor. Todos quieren tener razón y por motivos de orgullo o rencor no están dispuestos a ceder. Tengo serias dudas que una consultoría o un mediado alcance la dimensión del problema.
Conseguir que las fuerza enfrentadas se unan, es un trabajo muy exigente y emocionalmente agotador y requiere de mucha empatía y sentido común.
Una decisión precipitada traerá consigo una serie de reacciones que tendrá consecuencias imprevistas.
El no tener conocimientos de comportamiento humano en organizaciones familiares, genera mucha confusión e incertidumbre.
Algunas veces esto lleva a la desesperación que termina por superar al padre, madre, hermano/a generándole unos niveles de ansiedad altísimos y comportamientos que al final perjudican a la organización y a la familia.
¿Como generamos reuniones en donde se pueden trabajar el negocio y la emoción para que tanto la familia como la organización tenga un vida más sana?
¿ Cómo gestionamos las diferencias, los roles y las tareas que pueden llevar a sentimientos encontrados?
¿Que conocimientos tenemos para generar una comunicación con confianza y sincera en la familia?

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